Wednesday, February 26, 2020

Una de las vidas más ásperas y misteriosas que en España hemos visto...

Catalina de Cardona 

Catalina de Cardona llegó a Pastrana en mayo de 1571, hospedándose en el palacio de los Príncipes de Éboli. Venía buscando candidatos para la fundación de un convento de frailes descalzos junto a su cueva de ermitaña en La Roda. A finales de mes y en la iglesia de San Pedro de los carmelitas descalzos, "estando presentes todos los frailes - escribe Teresa de Jesús nueve años más tarde - recibió el hábito de Nuestra Señora del Carmen" (F 28, 30). Pero extrañamente, el hábito, con su capucha, era de fraile. "Nunca a ser monja se inclinó -comenta Teresa-, como el Señor le llevaba por otro camino; parecíale le quitaran por obediencia sus intentos de aspereza y soledad". 

Está ermitaña había llegado con una gran fama de llevar una vida misteriosa y de penitencia extraordinaria: "hacía - escribe Gracian más tarde- una de las vidas más ásperas y misteriosas que en España hemos visto en nuestros tiempos, con admiración de todos aquellos pueblos que la llamaban "la buena mujer". Se hablaba de que hacía milagros y de sus victorias contra los demonios. "la buena mujer" era alabada por su amabilidad - dentro de gran rusticidad- por los admiradores que acudían a ella a pedir su oración y bendiciones. No se preocupaba de ocultar sus practicas penitenciales extremas. Al contrario casi parecía exhibirlas, como de medio de edificación de los demás. 

La ermitaña, en su nuevo hábito de carmelita con capilla frailuna, salió pronto de Pastrana en viajes a la redonda para sacar dinero para la proyectada fundación de frailes en La Roda. En primer término, se dirigió a Madrid, donde Ruy Gómez la presentará a personas realcionadas con la Corte. 

Entre las personas que la llamaban "madre" estaba Juan de Austria, que precisamente ahora, el 6 de junio de 1571, partía de Madrid para ponerse al mando de la gran escuadra naval cristiana conjunta para repeler la armada turca que acosaba a las costas del mediterráneo oriental. Hasta correría la voz de que la ermitaña estuvo cerca - con una visión del fragor de la batalla y con clamor al Señor- a la gran victoria de Lepanto el 7 de octubre del mismo año 1571. 

En diciembre de 1571  la ermitaña fue a Toledo con el fín de llegar limosnas de los nobles; visitó en esa ocasión a las carmelitas descalzas.  

La Cardona debió regresar en alguna ocasión a Pastrana y por última vez en los primeros meses de 1572 con un cofre lleno de dinero para la proyectada fundación de descalzos de La Roda. Partió para esa localidad el 18 de marzo de 1572, celebrando al día siguiente la fiesta de San José en Altamira, donde unos meses antes se había abierto un convento de descalzos. La acompañaron Pedro de los Apóstoles, futuro superior del convento, y Baltasar de Jesús, fundador. 

La Cardona entra en la historia oficial de los Descalzos por patrocinar la fundación del dicho convento de La Roda. Aunque no aceptó - más bien rechazó - con cierto desdén - vivir en un convento de descalzas o en hábito de descalza, fue aceptada en la historia oficial del siglo XVII como "hermana". Jerónimo Ezquerra la coloca segunda, tras Teresa de Jesús en la lista de 100 carmelitas descalzas insignes por la virtud. Varios Carmelitas la consideraron digna de escribir su vida, entre ellos Tomás de Jesús; y los historiadores le dedicaron largos capítulo de las crónicas. 

Muchos carmelitas descalzos admiraron su vida penitente y de soledad, y confiaron en el poder de su oración al Señor. Algunos la recordaron como ejemplo estimulante para las comunidades en la dimensión de la vida solitaria y penitente. Sin percatarse de que su anormalidad de aparecer en "hábito de hombre" y su voluntad de vivir en solitario y no en la comunión y obediencia de la comunidad le inválidaban totalmente como modelo de la comunidad teresiana. 

¿En qué medida, cómo y cuándo Cardona, la asceta, influyó en la tendencia al ejercicio de excesivas prácticas penitenciales, que se advierte en grupos de descalzos? A mi parecer, la influencia fue real, pero no tan notable y decisiva como lo afirman algunos cronistas y manualistas de la historia de la Orden. Existieron ciertamente entre los descalzos grandes admiradores de la vida extremadamente asceta de la Cardona, pero fueron pocos - y sin la suficiente autoridad- para integrar su visión en la praxis de vida descalza. Las tendencias hacia una "excesiva aspereza", "credulidad en demasía en lo extraordinario" y "tendencia a vida eremita" existían en grupos de descalzos antes de que apareciera en el horizonte "la buena mujer", y continuaron independientemente de ella. 

Respecto al cuándo y cómo pudo hacerse más viva y permanente la influencia de la Cardona entre algunos descalzos, hay que situarlo, a mi parecer, no en su paso relativamente fugaz por Pastrana, sino en los cinco años, de 1572 a 1577, que vivió en La Roda. Allí, a un paso de la 'cueva- vivienda' de la asceta, estaba asentado el convento de los descalzos, que hizo de noviciado algún tiempo, y relativamente cerca estaban los eremitorios de Altamira y la Peñuela. En esos conventos y eremitorios vivieron religiosos que se sintieron estimulados a una vida de rigor penitente por el ejemplo de la "ermita asceta", religiosos, que más tarde, como formadores o superiores, influyeron directa o indirectamente, en el rumbo que toma el carmelo descalzo en los conventos de Castilla a finales de la década de los ochenta del siglo XVI y que continuará en la Congregación española en el siglo XVII. 

(Domingo A. Fernández de Mendiola. El Carmelo Teresiano en la historia.)

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